lunes, 12 de septiembre de 2016

La Virgen del Valle de Lucena con un manto de la Virgen de los Remedios de Cabra

El año pasado, durante el besamanos de la Virgen del Valle, pudo admirarse una estampa inusual. Fruto de las buenas relaciones entre la hermandad egabrense de los Remedios y la lucentina del Valle, la imagen lució uno de los mantos de la titular mariana de la Vera Cruz.



viernes, 29 de enero de 2016

¿Carrera oficial en Lucena? Una propuesta para un recorrido conjunto

¿Se imaginan un equipo de primera división jugando en un descampado? Una Semana Santa como la de Lucena debería contar con una carrera oficial en torno a la que se organizara el discurrir de las hermandades, haciendo accesibles nuestras procesiones a personas que por su edad, condición física o, por simple comodidad, prefieran disfrutarlas desde una silla.
Carrera Oficial en el Programa de la Semana Santa de 1994

A mediados de los años noventa de la centuria pasada, la Agrupación de Cofradías intentó estimular la idea de la existencia de un recorrido oficial, sin sillas ni palcos, formado por las calles Alcaide, Julio Romero de Torres, Cuesta del Reloj y Plaza Nueva. A pesar de que este itinerario se incluía en los programas de mano editados por el ente, lo cierto es que eran tantas las excepciones que tuvo que acuñarse el concepto de carrera oficial partida, mediante el que algunas hermandades recorrían una parte de estas calles en un momento de la procesión y, el resto, en otro1. Se intentaba ocultar una realidad: el egoísmo de algunas hermandades que, amparándose en el “siempre ha sido así”, se negaban a modificar su itinerario. Estas prerrogativas fueron el caldo de cultivo para la polémica. El casus belli fue la intención del Huerto de buscar el Llanete de la Virgen de la Estrella, desvinculándose del recorrido que, por imposición, se consideraba común del Domingo de Ramos. La Agrupación de Cofradías se puso manos a la obra, o quizá ya lo estaba, para buscar la receta que agradara a todos y que tuviera como centro la parroquia de San Mateo. En la revista Torralbo del año 2010, el presidente de la institución adelantaba que “existe ya un borrador muy elaborado” y que “las hermandades podrán elegir libremente el recorrido de sus salidas procesionales, pero habrán de recorrer, íntegramente, la carrera oficial”. La fecha de implantación sería 2012 y se pedía “la colaboración de todas y cada una de las hermandades”2. Un año después, el máximo representante de la institución dimitía3.
Foto de Joaquín Ferrer
Foto de Paseíllo

Las hermandades, no sólo en Lucena, aunque aquí especialmente, propensas a mirarse su a veces no muy honroso ombligo y posicionadas en un inmovilismo contraproducente, parece que no llegaron a un acuerdo. Sobre este asunto, la nueva cabeza de la Agrupación, en una entrevista concedida en marzo de 2012, afirmaba que “No se ha desechado, pero es difícil, quizá el año que viene empecemos a trabajar sobre ese proyecto”4. Pero no todo quedó en papel mojado. La semilla sembrada entre algunos cofrades acabó floreciendo en el Encuentro, que no es madre pero sí maestra, el día que hicieron historia entrando al Sagrario de San Mateo para efectuar estación de penitencia. 
El Encuentro en el Sagrario de San Mateo. Foto ¿Almagro?

  • Una propuesta de carrera oficial para Lucena

La Plaza Nueva es el centro de la vida de nuestra ciudad. Conciertos, manifestaciones o colectas se suceden a lo largo del año en ella, convirtiéndose en escenario de las dos estampas que ilustran la definición de Lucena: la bendición de Jesús Nazareno en la, hasta que el cambio climático no diga lo contrario, gélida mañana del Viernes Santo y el glorioso transitar de nuestra Madre, la Virgen de Araceli. Por si no fuera suficiente, la Plaza Nueva posee, al menos, dos alicientes más para ubicar en ella una carrera oficial. El primero, su olor. En la primaveral fiesta de los sentidos que es la Semana Santa, el azahar de sus naranjos casa como ningún otro aroma con el que exhala el incienso al arder sobre el carbón y con la cálida y sutil fragancia de la cera derretida. Satisfecho el olfato, toca complacer la vista y el espíritu. Lucena tiene dos sancta sanctorum, uno a 863 metros de altura y el otro en San Mateo, la capilla del Sagrario que, si llevan la cuenta, es el segundo aliciente.

Convencidos de que un extremo de la carrera oficial está en el Sagrario, toca definir el otro, que hemos situado en la calle las Torres, en su confluencia con Canalejas, posibilitando así un mayor número de combinaciones. A continuación, subirían por uno de los puntos más santeros de Lucena, la Cuesta del Reloj, y seguirían por el lateral hasta la iglesia mayor. En este punto, la hermandad, que no los tronos, accedería al templo para efectuar la estación de penitencia ante el Santísimo.

  • La carrera oficial y su aplicación en el Domingo de Ramos

Estudiando la evolución de los recorridos de los últimos veinte años5, observamos una tendencia tanto a explorar nuevas calles como a repetir por puntos de singular sabor o tradición: el Llanete de San Francisco y la Capillita para la Pollinita; el Llanete de la Virgen de la Estrella para el Huerto; y el barrio de Santiago, con el tránsito por Flores, para el Encuentro. 


Según la idea que proponemos, la decana del día conservaría su itinerario pero efectuado a la inversa, subiendo las Torres para tomar San Pedro y llegar así a la Capillita. Desde este punto, bajaría por Curados y, a través del Peso y el Agua, llegaría al Llanete de San Francisco para, por Alcaide, entrar en la carrera oficial y, desde ésta, en su templo. La otra opción, más conservadora, sería tomar el recorrido de 1998 ó 2000, es decir, el itinerario actual pero bajando a San Francisco por Juan Palma y subiendo por las Torres6.

La corporación de Santo Domingo, por su parte, ganaría presencia en su barrio. Después de salir bajaría por Cabrillana en busca del Llanete Virgen de la Estrella, Juan Blázquez y Llanete de San Francisco, uniéndose en este punto a la Pollinita. La vuelta se podría realizar por el lateral de la umbría de la Plaza Nueva, el Peso y, a través de Agua y Catalina Marín, por la calle Abad Serrano y, desde ésta, Cabrillana. Ganaría en recogimiento a horas en las que el público disminuye.

Por último, el Encuentro tomaría Ancha y Flores y, a continuación, llegaría a carrera oficial por la calle las Tiendas, San Francisco y Alcaide. La vuelta la realizaría por el Llanete de San Miguel, cuesta del Castillo, lateral del Coso y Ballesteros. Aprovechando la estrechez de las calles del barrio de Santiago, buscaría el corazón de la collación a través de Lademora o Álamos y, por Santiago, su capilla. Como ocurre con el Huerto, tienen la suerte de contar con un barrio extenso y que permite muchas posibilidades. Por ejemplo, recorrer la calle Ancha y llegar al Llanete de San Francisco por Cervantes, tomando Flores a la vuelta tal y como hicieron en 1996 y 1997.


1En el itinerario de la Pollinita del programa de la Semana Santa de 1994 se podía leer: “prevista su salida a las siete y treinta de la tarde, momento en el que entrará en la mitad de su Carrera Oficial, continuando por Plaza Nueva (lateral reloj), Las Torres, Alcaide, San Francisco, Juan Jiménez Cuenca, El Peso, Curados, San Pedro, Julio Romero de Torres, y completando su Carrera Oficial a las 21:30 continuando por Plaza Nueva (centro) y entrada a su templo a las diez de la noche”.Seis de las quince procesiones (contando la cofradía de Jesús como dos) no realizaban esta carrera oficial.
2MORENO GÓMEZ, Ricardo, “Carrera Oficial” en Torralbo (2010), Lucena, pp. 23- 24.
3http://sevilla.abc.es/20100325/sevilla-cordoba-cordoba/lucena-parroquia-mateo-sera-20100325.html
4La entrevista en cuestión pueden leerla completa en la página de Lucenahoy a través del siguiente enlace. http://www.lucenahoy.com/articulo/cofradias/entrevista-antonio-diaz-presidente-de-la-agrupacion-de-cofradias/20120318100000002524.html
5Es entonces cuando se incorpora al Domingo de Ramos la hermandad del Encuentro.
6Para los más desmemoriados, estos dos años el líquido elemento se empeñó en arruinar el Domingo de Ramos, pero no logró vencer las ganas de cofradías y, en una decisión cuestionada más tarde pero aplaudida en su momento, se trasladó la jornada al día siguiente que, como habrán adivinado, era Lunes Santo o, como alguien dotado de un gracejo especial vino a denominar Lunes de Ramos. Buscando el mayor lucimiento de la jornada, expresión muy lucentina, las hermandades del Domingo hicieron el enlace, expresión más lucentina aún, con Pasión en la calle Alcaide, para lo que fue necesario que la Pollinita renunciara a bajar las Torres.

martes, 26 de enero de 2016

Los misterios que Lucena perdió: la Sangre

En 1924 se funda en la iglesia de San Francisco de Paula, parroquia de Santo Domingo de Guzmán, la cofradía del Santísimo de la Sangre, tomando como titular una imagen procedente del convento de San Pedro Mártir de origen indiano. Ese mismo procesionaba por última vez en Málaga el trono que fue adquirido por la recién fundada cofradía y que se estrenaría en Lucena al año siguiente, recibiendo el apodo de la Carretá por sus dimensiones.

La Sangre planteó la creación del misterio del Calvario, con la Santísima Virgen, representada primero por la actual Virgen de la Amargura, y María Magdalena, reconvertida en la Santa Fe.
Con la bendición de la Virgen del Mayor Dolor el 1 de marzo de 1959, la nueva titular de la corporación pasará a formar parte del misterio, llegando a procesionar alguna ocasión sin la compañía de la Magdalena.
Foto de Antonio Ortega

Resulta difícil encontrar en otras localidades pasos de misterio formados por la Virgen y la Magdalena exclusivamente, siendo lo habitual los pasos en los que el lugar de ésta es ocupado por San Juan. Así lo vemos en las Penas de Santiago y el Amor de Córdoba o el Perdón de Huelva.
Foto de Valentín Moyano

Foto de José Gabriel Zurera
La aparición de María Magdalena suele estar sujeta a la de otras imágenes secundarias, conformando misterios completos, si bien en otros casos lo hace en solitario junto a Cristo Crucificado. Así la vemos en Mena en Málaga y la Vera Cruz de Alcalá del Río, mientras que formando misterio de Calvario la encontramos, por ejemplo, en las Siete Palabras de Sevilla.



viernes, 9 de octubre de 2015

La Virgen de Araceli y el convento franciscano de la Madre de Dios

Era la mañana del 27 de mayo de 1962. Pasadas las Fiestas Aracelitanas, la imagen de la excelsa patrona de Lucena, María Santísima de Araceli, se disponía a continuar su ronda de visitas a los distintos templos de la ciudad para conmemorar el IV centenario de su llegada a la localidad. Ese día, la Virgen de Araceli permaneció en los conventos de las carmelitas, que por entonces seguía en el lugar que nunca debió abandonar, y las clarisas, hoy desaparecidas. A continuación, fueron las agustinas de San Martín las que recibieron a la Señora en su casa antes de partir hasta el Valle. Al día siguiente, el 28 de mayo, puso rumbo a la iglesia franciscana de la Madre de Dios, donde sus devotos pudieron venerarla hasta la jornada siguiente, en la que retornó a San Mateo.

Traslado de la Virgen de Araceli en 1962. Foto www.virgendearaceli.com

Este esquema se siguió en la conmemoración del L aniversario de la coronación canónica, en 1998. La Virgen de Araceli visitó las iglesias de Lucena en dos tandas. Para recibir a la patrona en el templo franciscano salió a su encuentro la imagen de San Francisco de Asís. En el traslado de vuelta fue la imagen de San José la que acompañó a la Virgen de Araceli, en una emotiva procesión cuyo momento culminante fue el encuentro con Jesús Nazareno.
La Virgen de Araceli en los Frailes. Foto www.virgendearaceli.com
Estampa conmemorativa de la Virgen de Araceli a los Frailes
Traslado de la Virgen de Araceli desde los Frailes. Foto www.virgendearaceli.com

Las obras en la Plaza Nueva para la construcción de unos aparcamientos provocaron que en 2007 y 2008 se celebrara la procesión del Día de la Virgen desde la iglesia de la Madre de Dios, con sus consiguientes traslados procesionales en los que tampoco faltó el santo franciscano.
Traslado de la Virgen de Araceli a los Frailes. Foto Antonio Ruiz
La Virgen de Araceli y San Francisco de Asís. Foto Antonio Ruiz
La Virgen saliendo de los Frailes. Portada de la revista La Voz 2008
La Virgen en el interior de los Frailes en 2007, año del estreno del palio verde


La vinculación entre la Virgen y el convento no se ciñe a estas visitas. Durante todo el año, una reproducción de nuestra patrona puede venerarse en la iglesia, mientras que un artístico azulejo preside uno de los laterales del claustro.

Fotos El Parigolón


jueves, 3 de septiembre de 2015

Iconografía aracelitana: La imagen de la patrona de Lucena (Aparecido en La Hornacina)

ICONOGRAFÍA ARACELITANA: LA IMAGEN DE LA PATRONA DE LUCENA
Antonio Ruiz Granados (26/05/2015)
Isabel Clara Eugenia
Alonso Sánchez Coello (1585-1588)


1. Introducción
La llegada de María Santísima de Araceli a Lucena se produjo, como se deduce de un acuerdo municipal en el que se determina el recibimiento de la imagen, en la primavera de 1562 gracias a don Luis Fernández de Córdoba, II Marqués de Comares. La Virgen que veneraron aquellos lucentinos ofrecía un aspecto muy diferente al actual. Realizada en madera de ciprés, alcanza los 162 centímetros de altura y representaba a una Madonna de talla completa, ataviada con túnica carmesí y manto, en actitud de rezar y posada sobre una nube de la que emergían cinco querubines (1). Años más tarde, la patrona de Lucena cambiaría radicalmente.
Hemos de distinguir en la Virgen de Araceli dos iconografías, la habitual y la ocasional. La diferencia entre ambas radica principalmente en el atuendo. La primera de ellas nos muestra a la Madre de Dios mayestática, triunfante y coronada como reina. En la segunda, María se presenta con ropas de dama de viaje que la cultura popular identifica como de pastora. Este atuendo se reserva para la romería de bajada, fijada el penúltimo domingo de abril, y para el período navideño y viene usándose desde hace más de dos centurias como atestiguan grabados como el realizado por Antonio de las Doblas en Málaga o el del obrador parisino de Maesani, si bien cayó en desuso durante largas temporadas.


2. La imagen de María Santísima de Araceli
El icono de María Santísima de Araceli tal y como lo conocemos es fruto de una evolución gestada y fijada a lo largo de la Edad Moderna. La Madonna supuestamente inspirada en la romana de la basílica de Ara Coeli experimenta, a consecuencia de la devoción popular, una importante transformación en el siglo XVII, momento en que se convierte en una Hodegetria, versión iconográfica de la Theotokos o Madre de Dios, en la que María aparece de pie sosteniendo al Niño con su mano izquierda. Aunque pueda parecer producto del azar, el hecho de que el Niño descanse sobre esta mano se sustenta en escritos como el Salmo 45:10, "a tu diestra una reina, con el oro de Ofir" (2). Además, la Virgen diestra o Aristokratousa, dejaría libre su mano derecha para dedicarse a otros menesteres sin descuidar su maternidad (3).
Adaptar una talla completa para que pueda ser vestida, proceso repetido en un nutrido grupo de imágenes devocionales desde el siglo XVI, conlleva alteraciones en su fisonomía original. Como ocurre con la Virgen de Araceli, infinidad de esculturas deben ser mutiladas, en ocasiones de forma salvaje, para camuflar las formas primigenias y permitir la incorporación de tejidos.

El profesor Hernández Díaz describió estas actuaciones de una forma inusualmente expresiva: "hay imágenes que están tremendamente mutiladas. Una mutilación tan fuerte que si alguna persona hubiera querido hacerle daño a la Virgen por molestarla en su sentido de maternidad, probablemente no lo hubiera hecho con la tremenda garra, con la tremenda fuerza, con la que se hizo precisamente para honrarla". A esta contundente afirmación añade, por si hubiera alguna duda, que "todas esas mutilaciones para vestirla en absoluto representan desacato, al contrario, veneración y veneración muy profunda" (4). En efecto, las amputaciones que algunas imágenes marianas sufren por parte de sus devotos resultan impías agresiones que han acabado con tallas de gran valor cultural. Menor impacto suponen modificaciones sutiles pero necesarias para la incorporación de mantos y sayas como la elevación de la imagen a través de peanas o de falsos candeleros para proporcionar una mayor altura, sobre todo cuando ésta se representa sedente (5).

Muchas esculturas habían sido concebidas con la imagen del Niño Jesús, por lo que se abre una doble posibilidad en torno a éste: conservarlo, especialmente cuando su colocación o tamaño desaconsejaban la mutilación (6); o realizar uno nuevo que, lógicamente, se alejaría estilísticamente de la imagen mariana (7). La Virgen de Araceli no portaba Niño, por lo que tuvo que encargarse uno de nueva factura. El actual, de 47 centímetros de altura, fue realizado en el primer tercio del siglo XVIII pues ya en el inventario de 1716, que conocemos gracias a la labor de López Salamanca, se menciona un "Niño nuevo con ojos de cristal" (8).


3. Los atributos de la Virgen de Araceli
La iconografía de las imágenes marianas exentas, es decir, fuera de escenas narrativas y con el único fin de dar veneración a la Madre de Dios en sus distintas advocaciones, suele ser, salvo excepciones, muy simple. La Virgen de Araceli sostiene con su mano derecha un cetro, símbolo de su papel de corredentora y del poder. El más rico, en plata con esmeraldas, topacios, amatistas y granates, fue labrado por el platero Juan José Cañete en 1776 (9) y suele enjoyarse con frecuencia, si bien con anterioridad solía cubrirse con flores.
Tanto la imagen de la Virgen de Araceli como la del Niño portan sobre sus sienes coronas, atributo de la realeza. Son varios los juegos de coronas de la patrona de Lucena, aunque el más conocido y con mayor carga simbólica y sentimental es el labrado por el malagueño Cayetano González en 1934 con vistas a la coronación canónica, que tendría lugar en la mañana del 2 de mayo de 1948.
La enorme acogida de la devoción inmaculista introdujo un elemento más en la iconografía mariana y, por supuesto, en la aracelitana: la media luna. Muy interesante es la realizada en 1691 por el platero José Basurto, utilizada en el camarín y en las romerías. Armonizaba con el resplandor o ráfaga, una aureola de la que emergen rallos y que, aunque tiempo atrás completaba la estampa aracelitana enmarcando la cabeza de la Virgen, en nuestros días se reserva a los últimos días de su estancia en la iglesia de San Mateo. Con ella es habitual encontrarla en la mayoría de grabados y pinturas desde finales del siglo XVII e incluso en fotografías de principios del siglo XX. Estos dos atributos tienen como fuente fundamental el Apocalipsis, en el que se habla de "una Mujer, vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza" (10).


4. El atuendo de la Virgen de Araceli
El siglo XVII trajo consigo la consolidación de una costumbre que ya se había iniciado en los años finales de la centuria anterior y que, asimilada por el pueblo con toda naturalidad, consistía en vestir a las imágenes marianas siguiendo la moda de las damas de la Corte de los Austrias. Una de las mejores representantes del gusto de la Corona hispana del momento es Isabel Clara Eugenia (1566- 1633), hija de Felipe II e Isabel de Valois. Conocemos cómo se mostraba públicamente gracias a los abundantes retratos que se conservan de la gobernadora de los Países Bajos salidos de los pinceles de Alonso Sánchez Coello y Juan Pantoja de la Cruz.
El traje de las damas se componía de una falda o saya de amplio vuelo en su parte inferior y que tomaba una forma acampanada gracias al verdugado, una prenda interior similar al cancán. La parte superior se cubría con corpiño y los brazos con mangas de gran anchura, a veces con forma de pico o perdidas (11), rematadas por encajes o puñetas (12). Estos encajes de los puños son cada vez más voluminosos y, con los Borbones, se completan con pulseras de perlas. Es así como vemos a Isabel de Farnesio (1692-1766), segunda esposa de Felipe V, en una moda que se dilatará en el tiempo hasta llegar a María Luisa de Parma (1751-1819), esposa de Carlos IV, y a la Virgen de Araceli, que exhibe en sus muñecas grandes encajes y perlas al menos desde el último tercio del siglo XVIII y que constituye, sin duda, uno de sus elementos más característicos.
Además del manto que, evolucionado desde una capa irá ganando protagonismo con el paso de los años, ocultará la cabeza un velo inspirado en las cofias de papos, singular prenda femenina empleada para esconder el cabello, o en la gorguera, un cuello de gran volumen (13). La cofia y otros encajes que se colocaban con forma de punta silueteando el manto se transformaron en piezas de orfebrería, dando lugar al rostrillo y las ráfagas (14). Francisco Bermúdez labró en plata y pedrería fina el rostrillo de gala de la Virgen de Araceli en 1765, aunque conserva otros de encaje que corroboran lo expuesto con anterioridad.
La extensa colección de grabados de la Virgen de Araceli nos permite identificar todos los elementos descritos en su estado anterior, por lo que es posible realizar una arqueología iconográfica a través de las estampas. De este modo, en un grabado ejecutado a mediados del siglo XVIII podemos comprobar cómo a los atributos habituales de la Virgen se suman los encajes en forma de punta que nos recuerdan a imágenes como la Virgen de Mesa de Utrera o Rocío de Almonte. Este elemento, que se repite en los grabados hasta los años ochenta del Setecientos, desaparece en el ejecutado por Bernardo Albíztur en 1788, por lo que podemos afirmar que es entonces cuando cae en desuso para siempre. En cuanto a la cofia y el rostrillo de encaje, se distinguen con claridad en la estampa del malagueño Francisco Mitjana de 1851 (15) a pesar de que entonces ya poseía otros metálicos.
Además de las joyas, abundantes tanto en el pecho como en las manos, no es extraño ver a la Virgen de Araceli con algún rosario formando el anagrama de María en la saya. Ya se disponía así en grabados del siglo XVIII, en los que vemos cómo el rosario, que pende de la mano derecha, adquiere la forma del símbolo ya en el vestido, en una costumbre que se ha continuado en el tiempo y extendido a otras imágenes de la localidad. La falda se completa con la vara de regir la ciudad que la distingue como alcaldesa perpetua de la villa.


5. Conclusión
La iconografía de la Virgen de Araceli se ajusta a un modelo ampliamente difundido entre imágenes de centenaria devoción pero con algunos rasgos característicos que identificamos en su atuendo. La estética con la que los lucentinos han venerado a su patrona se ha mantenido a grandes rasgos desde hace dos siglos, adaptándose a algunas modas. Algunas pérdidas notables en su iconografía, como la ráfaga, han sido suplidas por elementos como las coronas de coronación, que han resultado ser un rasgo definitorio de la impronta aracelitana a costa de otras coronas de mayor tradición.



NOTAS
(1) CRESPILLO GUARDEÑO, Antonio y GARCÍA MOSCOSO, Juan Carlos, Guía Aracelitana, Lucena, 2006, pp. 55- 56.
(2) Salmo 45:10.
(3) CARRASCO TERRIZA, Manuel Jesús, "Aspectos cristológicos en la iconografía de la Theotokos", publicado en Cristo, Hijo de Dios, Redentor del hombre. III Simposio Internacional de Teología, Universidad de Navarra, Pamplona, 1982, pp. 573-586.
(4) Estas palabras del profesor Hernández Díaz están extraídas del documental Rocío de Fernando Ruiz Vergara, filmado en 1980, y que se puede ver en https://www.youtube.com/watch?v=vXJfp4iFAic
(5) Ocurre en imágenes como la Virgen de Gracia de Carmona.
(6) Como exponente, la Virgen de la Cabeza de Andújar o la Virgen de la Piedad de Iznájar.
(7) Sirvan como ejemplo la Virgen del Rocío de Almonte o la Virgen de la Sierra de Cabra.
(8) LÓPEZ SALAMANCA, Francisco, Documentos para una historia de María Santísima de Araceli 1562- 1750, Lucena, 1993, pp. 102- 103.
(9) LÓPEZ SALAMANCA, Francisco, Documentos... Op.Cit., pp. 86-87.
(10) Apocalipsis 12, 1-2.
(11) La Virgen del Rocío conserva estas mangas pero a modo de mantolín o sobrevestido.
(12) CARRASCO TERRIZA, Manuel Jesús, "La iconografía de la Virgen del Rocío y su proceso de fijación", publicado en GONZÁLEZ CRUZ, David (Ed.), Ritos y ceremonias en el Mundo Hispano durante la Edad Moderna. Actas del II Encuentro Iberoamericano de Religiosidad y Costumbres populares. Almonte-El Rocío (España), del 23 al 25 de noviembre de 2001, Huelva, 2002, pp. 353-372.
(13) FERNÁNDEZ MERINO, Eduardo, La Virgen de Luto, Madrid, 2012.
(14) En la Virgen de Araceli no ocurrió con las ráfagas, que sí podemos ver en otras como la Virgen del Rocío de Almonte o Setefilla de Lora del Río.
(15) Algunas imágenes marianas exhiben con claridad la cofia. Es el caso de la Virgen de Setefilla, patrona de Lora del Río.  

BIBLIOGRAFÍA
CARRASCO TERRIZA, Manuel Jesús, "Aspectos cristológicos en la iconografía de la Theotokos", publicado en Cristo, Hijo de Dios, Redentor del hombre. III Simposio Internacional de Teología, Universidad de Navarra, Pamplona, 1982, pp. 573-586.
CARRASCO TERRIZA, Manuel Jesús, "La iconografía de la Virgen del Rocío y su proceso de fijación", publicado en GONZÁLEZ CRUZ, David (Ed.), Ritos y ceremonias en el Mundo Hispano durante la Edad Moderna. Actas del II Encuentro Iberoamericano de Religiosidad y Costumbres populares. Almonte-El Rocío (España), del 23 al 25 de noviembre de 2001, Huelva, 2002, pp. 353-372.
CRESPILLO GUARDEÑO, Antonio y GARCÍA MOSCOSO, Juan Carlos, Guía Aracelitana, Lucena, 2006, pp. 55-56.
FERNÁNDEZ MERINO, Eduardo, La Virgen de Luto, Madrid, 2012.
LÓPEZ SALAMANCA, Francisco, Documentos para una historia de María Santísima de Araceli 1562- 1750, Lucena, 1993; Documentos para una historia de María Santísima de Araceli 1751- 1800, Lucena, 1995.
SÁNCHEZ RICO, J. Ignacio, BEJARANO RUIZ, Antonio y ROMANOV LÓPEZ-ALFONSO, Jesús, Imago Mariae. El arte de vestir Vírgenes, Sevilla, 2015.

Virgen de Araceli
Fotografía de Manolo Espejo
   

lunes, 16 de marzo de 2015

Testigos de su Amor (Aparecido en Vivelucena.com) Texto de Antonio Ruiz Granados y fotos de Jesús Ruiz Jiménez "Gitanito"


Nadie fue a su casa para aviarlo. Con la camisa sucia después de una dura jornada de trabajo en el campo, sólo pensaba en llegar pronto a casa. La timidez del sol, que se arriesgaba a colar alguno de sus rayos soslayados entre el espesor de las nubes, no invitaba a estar en la calle. Absorto en sus desventuras, la sonoridad de unos murmullos que se tornaban en alboroto lo devolvieron a la realidad. La curiosidad crecía en él por momentos y, sin darse cuenta, se encontraba abriéndose paso entre el gentío hasta detenerse en seco. El público le impedía avanzar más. Mezclado entre la tensión que se desprendía de la muchedumbre, rastreó hasta toparse con algo que concentró su atención. Intentando disimular la suciedad de sus manos y la sorpresa de su cara, procuró pasar desapercibido.

El agotamiento se imponía a la fuerza. Hacía falta ayuda sin más demora. “No puede venirse abajo, hay que arrimar el hombro”, gritaban algunos. Y, escogido al azar, el trabajador fue improvisadamente requerido para formar parte de la cuadrilla. “¿Estás, Simón?”, le dijeron. “Puesto”, respondió poco convencido. Y, agarrándose al madero, el de Cirene se sintió el primer santero.

En cuestión de segundos, el espectador se había convertido en parte de la función. Desde la trasera, recibiendo sin quejarse el peso de la cruz, examinaba al público. Conmovidos, exaltados o nerviosos, todos, sin excepción, evidenciaban con su gesto sentimientos que no parecían unánimes. Pero ninguno como el que a lo lejos divisaba. Juntas como siempre pero más desdichadas que nunca, un grupo de mujeres buscaba, a riesgo de hallar, al manijero de Simón. Desoyendo los gritos de la multitud, sintió curiosidad por la identidad del hombre al que ayudaba y que en ese momento detenía el racheo de sus pisadas. Asombrado, comprobó que era Jesús, el Nazareno.

Ya no se acordaba de la camisa, arremangada con celeridad para ocultar su impureza, ni tan siquiera de sus problemas pecuniarios. Únicamente podía mirar a Jesús. Sudoroso, ensangrentado y rozando los límites de la extenuación, lo encontró inusitadamente tranquilo. En sus ojos no había ira ni desesperación sino angustia contenida. Angustia acrecentada al comprobar que entre esas mujeres estaba su madre, María. Para sorpresa de Simón, Jesús extendió su diestra temblorosa y las consoló. Era todo amor. “¡No lloréis por mí!”, les pidió. No lo consiguieron. Sin intercambiar más palabras, un tirón de la soga advertía que no era momento de entretenerse. “Un paso más, sólo uno”, le susurró al Nazareno. “Un paso más y ya estamos”, prosiguió, sabiendo que no sería un alivio. Y divisando la cima, Simón terminó el horquillo más duro. Acababa de aprender la mejor lección jamás impartida. Ya podía irse al refresco.

Nadie ha ido a sus casas para aviarlos. Con la camisa sucia después de un largo día de trabajo, sólo piensan en llegar pronto a la iglesia. No queda rastro del sol que horas antes jugaba a traspasar su luz a través de las ventanas. Concentrados en su misión, el silencio les indica que el rito comienza. No pretende lastimarlo. Intenta, sin lograrlo, no rozarlo. Desea que esas espinas, escogidas a traición por los verdugos y labradas con tesón por un orfebre, se tornen laureles que acaricien su frente. Rafael desliza el enredo, con la fuerza de un suspiro, hasta dejarlo a la altura de las sienes. Obligándolo sin querer con ello herirlo, Agustín, Jesús y Felipe lo cargan con la cruz aunque, si por ellos fuera, nunca más la llevaría. José Luis, Juan y Miguel ultiman los detalles. Agolpados en torno al Nazareno, José Antonio, Francisco y Manolo no pueden esquivar su mirada y los recuerdos que les evoca. “Ahora sí, ya está todo”, se dice Antonio satisfecho. Como la primera vez, Marisol, Rosario y Loli, sus mujeres, acuden a su encuentro para mimarlo pero es él quien las conforta. Es todo amor. Ya no se acuerdan de la camisa, arremangada con desenfado para facilitar el trabajo, ni tan siquiera de sus inquietudes y desvelos. Porque, aunque no estén todos los que son, ni los que fueron o serán, los hermanos del Amor renuevan cada año aquella historia de la que Simón, nuestro humilde campesino, fue testigo.

lunes, 9 de marzo de 2015

La última salida de la Virgen de la Amargura sin palio

El Miércoles Santo de 2004, la Virgen de la Amargura, titular de la cofradía del Cristo del Valle, se presentaba por última vez en el trono estrenado en 1992. Las andas, sencillísimas, carecían de palio, elemento que no se pudo incluir desde la primera salida procesional por su elevado coste y por las dimensiones de la ermita de la Virgen del Valle.
Foto Antonio Ruiz